¡Nos quitaron las busetas de Ternera!


Habitantes de San José piden reintegro de la ruta Ternera-San José/ Foto: José Luis Castilla

La tensión inacabada entre Transcaribe y los usuarios de las tradicionales busetas vuelve a estar en boca de los cartageneros; el Sistema Integrado de Transporte Masivo ha llegado a otro barrio donde no tenía cobertura: San José de los Campanos. La comunidad de San José se siente inconforme y ante el nuevo panorama debe buscar nuevas alternativas de transporte que llenen los vacíos que Transcaribe trajo a su barrio.


Por: Silvia Garzón, Daniela López, José Luis Gándara.


El 15 de octubre, el día que salieron las busetas al barrio, solo una parte de sus habitantes estaba enterada del hecho; tan solo los líderes sociales de la comunidad, dueños de busetas, conductores y ‘sparrings’ habían sido notificados que la ruta Ternera-San José iba a salir de circulación. Sin embargo, Janeth Tobón -propietaria de varias rutas de busetas- siente que el proceso del cierre de esta ruta fue confuso, apresurado y desordenado, pues no se les avisó con tiempo oportuno como normalmente se hacía en estos casos, como ya ocurrió con las antiguas rutas de Microbuses, Socorro-San fernando, Bocagrande-Ternera-Villagrande y Bosque-Centro.

“Para salir la ruta de Ternera, fue diferente a las demás rutas[...]Fue totalmente diferente, fue una sorpresa para todo el mundo.”
La comunidad evidenció la situación el mismo día; bloquearon la avenida de Ternera, la arteria vial más concurrida de la zona, por alrededor de unas seis horas. Largas filas de camiones, carros y motos ocupaban la vía, cual hora pico. La congestión vehicular en dicho tramo fue tan grande, incluso, que las personas debieron bajarse de su transporte y caminar hacia su destino o caminar hacia donde la congestión no afectara el tráfico.

Los usuarios de San José reclamaban la poca efectividad del servicio que presta Transcaribe en su sector, exigían respuestas y una reunión con directivos del sistema y representantes del DATT (Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte), así como también con integrantes de la alcaldía municipal.

Transcaribe se planteó como un nuevo medio de transporte, masivo, novedoso; con ventaja sobre el resto del transporte público. Sin embargo, algunos cartageneros consideran que falta mucho "camino por recorrer" para que este Sistema Integrado de Transporte Masivo (SITM) alcance las expectativas con que lo vendieron. Tan solo la adecuación de la ciudad para la llegada de este transporte demoró 12 años y desde que se inauguró en el 2016 solo se ha implementado el 45% de las rutas para todo el sistema.




Más allá de la falta de buses

El sonido de la champeta, pitos estruendosos y gritos de los ‘sparrings’(cobradores de pasajes y quienes gritaban las rutas) ya no se escuchan en el barrio San José de los Campanos. Desde hace poco más de un mes solo se oyen pitidos cortos y agudos que anuncian la parada; las puertas abriendo y cerrando, como queriendo decir: “Aléjate, cuidado. Ya vamos a arrancar”, y el motor de los alimentadores rugiendo en medio del calor del barrio. Las busetas se habían ido.

Adaptarse a este nuevo transporte, para quienes toda su vida se transportaron en pequeñas o medianas busetas -con todo lo que implicaba subirse a una: música y algarabía- significó cambiar las rutinas diarias y nuevos retos para sus vidas. Sin embargo, los convenios que el distrito tiene con la Nación determinan que al entrar una nueva flota debe ser reemplazada la antigua, por motivos de seguridad y prestación del servicio, tal y como dijo Hylen Guzmán Anaya, jefe de prensa y comunicaciones de Transcaribe S.A.

Como todas las mañanas, miles de habitantes del barrio se disponen salir a sus lugares de trabajo a cumplir con su jornada laboral. Sin embargo, ahora la situación es diferente; si antes se tenían que levantar a las cinco de la mañana, hoy tienen que hacerlo a las cuatro; si antes demoraban entre 15 minutos esperando las busetas, ahora demoran más de 20 minutos esperando los alimentadores.

El tiempo de espera del transporte se ha vuelto más largo, así como las filas en las diferentes paradas que utilizan para abordar los alimentadores del sistema. Aquellos que tienen para pagar los $2.500 del pasaje suelen quejarse del poco abasto que brindan los padrones, deben acomodarse en los 40 buses dispuestos por el sistema para cubrir dicha ruta. En palabras de un habitante del barrio, las personas viajan “apretaditos como en una caja de sardinas”.

Evaristo Montoya es uno de los habitantes del barrio que se ha tenido que cambiar su rutina diaria de transporte por causa de la salida de las busetas. Como trabaja hasta tarde, debe movilizarse en otro tipo de transporte, como la mototaxi, que termina resultando más caro que la buseta. Afirma que muchas veces no tiene los pasaje completos.

En el barrio, las personas solían negociar con los sparrings para pagar, en muchas ocasiones, tan solo una parte del pasaje, entre 1.000 o 1.500 pesos, si se iban a bajar cerca del barrio, cosa que con la llegada de Transcaribe no puede hacerse ya que la tarifa mínima establecida por el sistema es de $2.500 que deben pagarse por medio del uso de una tarjeta recargable. La situación en la que se encuentran las personas que habitan en dicho sector suele ser complicada, económicamente hablando, y por tal motivo se les hacía más fácil negociar con los buseteros que les brindaban el servicio.

“A las personas se les hace más complicado conseguir y pagar $5.000 diarios, hay hogares que tiene 2 o 3 niños estudiando fuera del barrio. En las busetas se les recibían de mil a dos mil pesos” afirmó José Luis Castilla, líder social del barrio. A la falta de buses y recursos económicos se le suma el problema del horario establecido por la empresa, ya que sus buses empiezan a trabajar alrededor de las 5:30 am, y muchos de los habitantes que trabajan en otros sectores de la ciudad culminan su horario laboral entre una y dos de la mañana.

Cerca de 500 familias se ganaban su sustento diario gracias a la ruta de Ternera, porque no solo eran los propietarios de busetas, conductores y ‘sparrings’, también era el que lavaba las busetas, el del parqueadero, el del tinto, las que venden las comidas, etc., lo cual genera preocupación y dudas respecto a la situación de las personas afectadas por la chatarrización de dicha ruta, ya que los mismos habitantes y líderes del barrio manifiestan que de alguna manera estas mismas personas deben ganarse su sustento y en sus propias palabras declaran que “cuando no se tiene donde laborar, tienes que entrar o hacer cosas fuera de lo legal”, lo cual agrava una situación que ya es bastante compleja en esta zona de la ciudad.

Si bien es de conocimiento general que lo padrones y buses de Transcaribe son de dimensiones bastante grandes, la infraestructura del barrio no se adapta al sistema, ya que muchas de las calles son estrechas, suelen tener baches y en muchos casos los puentes se encuentran en muy mal estado, lo cual pone en riesgo la integridad de usuarios, conductores particulares y transeúntes.

“Un impacto bastante fuerte”


José Luis Castilla, además, manifestó que: “no fuimos escuchados por ninguno de los funcionarios o el gobierno, para mí son unas personas muy desagradables, ya que su deber como funcionarios o gobierno es escuchar al pueblo. Al día de hoy cuando ya pasó más de un mes, aún no nos hemos podido reunir con el alcalde, ni con Transcaribe ni con ninguno de ellos”. Dicha declaraciones dejan entrever la poca empatía que tienen los usuarios hacia el sistema masivo y el desentendimiento de los entes competentes en plantear soluciones a la problemática vivida por los habitantes del barrio.

Las 120 busetas que cubrían la ruta Ternera-San José de los Campanos ahora solo transitan en el recuerdo de los habitantes de este barrio de la ciudad de Cartagena, quienes aún reclaman la manera tan arbitraria en cómo la administración le quitaron su medio de transporte tradicional sin previo aviso y sin ninguna clase de consenso con la comunidad.

Si bien solo un porcentaje de los habitantes del barrio sabían de la llegada de Transcaribe y de la nueva ruta, José Luis Castilla dejó claro que “fue algo muy fuerte” y que quienes estaban al tanto de la situación se enteraron “por medios informales y los tomó de improviso”.

A pesar de esto, desde las oficinas del DATT (Departamento Administrativo de Tránsito y Transporte) aseguran que este proceso se viene avisando desde el año 2014 y que la decisión de ceder los buses tradicionales para la chatarrización son voluntarias.


¿Qué viene ahora?


Las busetas estuvieron presentes desde que se originó el barrio, es decir, tenían alrededor de 30 años transportando a los habitantes de la zona y se habían vuelto parte de su cultura y ayudaban a suplir, gracias a su gran número, las diferentes necesidades de la población local. A pesar que actualmente los habitantes de San José utilizan Transcaribe lo hacen porque se han visto prácticamente obligadas a suplir su necesidad de transportarse por medio de este método.

Sin embargo, al ir al barrio se puede notar las malas caras de las personas al acercarse los padrones y una vez dentro del bus se puede ver como “se hace el amor en seco porque te soban y recuestan” ya que son demasiados usuarios en un espacio bastante ajustado. A los líderes y habitantes se les prometieron la adición de 13 buses más para optimizar la atención brindada a los usuarios, cosa que aún hoy acabando el año siguen esperando.

San José de los Campanos sigue inconforme y sin ser escuchado, buscan interponer una acción popular para reintegrar la ruta de Ternera-San José, debido a todas las falencias en infraestructura se les devuelvan al menos 50 busetas que cubrían la extinta ruta, algo que además ayudaría a optimizar la movilización de los usuarios de la zona hasta diferentes lugares de la ciudad. Hasta entonces afirman que seguirán usando la ruta X101 pero no por gusto sino por necesidad.

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